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Lo que no llegó a ver Willy Fog

26 de Abril de 2015 en cicloturismo

Crónica de las rutas por Bilibio, Valdezcaray, Bonicaparra y Cellorigo en La Rioja.


15 de agosto. Son las siete de la tarde. Acabamos de llegar a Cihuri tras un largo viaje, no sin antes detenernos a disponer un buen refrigerio en la villa de Lerma. Me hace especial gracia cuando algún entendido habla de regiones históricas y pienso, alejado de cualquier chovinismo que pueda sentir por mi tierra, en Castilla y León, o por la misma La Rioja. Con la comilona apenas digerida aún, recién abandonada la autopista que conduce a Bilbao, por tierras burgalesas, y adentrado en tierras de viñedos y valle entre fabulosas montañas, apenas si descargo lo básico que ocupa el maletero de mi coche para disponerme a hacer la primera pequeña ruta del periplo veraniego por esta tierra que con tanta locura amo. El destino de hoy es relativamente sencillo: Bilibio. No hay tiempo para mucho más, pero al menos así mato el gusanillo de montar en bicicleta.

Resulta complicado entender la historia de Haro sin los Riscos de Bilibio, allá donde los Montes Obarenes encuentran su extremo oriental, y donde el río Ebro comienza a bañar con sus aguas las fecundas tierras riojanas. Desde el punto de vista estrictamente ciclista, hasta donde puede subirse con la flaca, es una ascensión corta y muy engañosa, puesto que a priori no parece demasiado exigente, pero les puedo asegurar que el tramo final requiere apretar mucho los riñones.

Ya de vuelta, me tomo el pequeño lujo de visitar el parque El Viano, entre Haro y Anguciana, y me obsequio de este modo con las vistas del río Tirón, a punto de confluir en su hermano mayor: el Ebro, a pocos metros de allí.

16 de agosto. Salvo un par de días muy concretos, no quiero alejarme demasiado de casa. Esto es, la mayor parte de las rutas van a transcurrir por lugares relativamente cercanos a Cihuri. Cada vez valoro más estar en familia. Si quisiera seguir sumando nuevos puertos CIMA a mi colección a toda costa, acabaría volviéndome loco.

Hoy he visitado dos puertos de aúpa: uno por ser archiconocido (Valdezcaray) y otro, sencillamente, por ser precioso (Bonicaparra). Aparco el coche en Ezcaray, prácticamente a pie de ambas ascensiones, en la calle de siempre, paralela al río Oja, el cual este verano no está demasiado caudaloso.

Hace pocos meses estuve en Valdezcaray, en la famosa etapa en la que enlacé Bonicaparra, el Collado Mállura y la estación de esquí para acabar en Tres Cruces por la pista de tierra, en bicicleta de montaña. Fue espectacular. Esta vez, con la Specialized, la cosa va a ser más sencilla: 14,3 kilómetros al 5% de pendiente media. En realidad, este puerto es más duro de lo que indican los números, por algo ha sido decisivo en la Vuelta, si bien su liviano final propicia que se suavicen sus números.

Afronto las primeras rampas con calma. No tengo ningún motivo para hacer otra cosa que no sea disfrutar del cicloturismo... y así continuo en toda la sección dura del puerto. A falta de unos seis kilómetros me supera un ciclista. Le mantengo la distancia sin proponérmelo. Viene otro más que parece poseído por los espíritus de Carl Lewis y Eddy Merckx juntos. Me pica un poco la curiosidad, y me pongo a su rueda. De repente me doy cuenta que me encuentro muy bien. Neutralizamos al primero, y Carl Merckx se relaja. Ésta es la mía, pienso yo... y acabo dándole un relevo en el que en los últimos tres kilómetros (con pendientes en torno al 3%) rara vez bajamos de los 30 km/h. Cuando divisamos la estación, compruebo que aún puedo apretar algo más los dientes. Echo la mirada a mi compañero (al primero le hemos dejado claramente atrás). Me sabe mal atacarle después del primer tramo en el que he ido soldado literalmente a su rueda. A él le ocurre lo mismo conmigo. Lejos del afán desmesuradamente competitivo que está empezando a inundar el deporte, con la mirada sabemos que hemos hecho una subida de ensueño, que estamos bien contentos, y que no hay motivo para pegar un acelerón con alguien a quien será difícil que vuelvas a ver. Mucho mejor que eso, nos felicitamos por el homenaje que le hemos dado a nuestros cuerpos y hablamos de nuestras vacaciones y de las preciosas rutas que se pueden encontrar por estos lares. Carl no se llamaba Carl, aunque a estas alturas no recuerde su nombre. Sí que sé que no era estadounidense ni belga, sino de San Sebastián. Un tipo muy majo.

CAM0754DesDicho sea de paso, cada vez me gusta más Valdezcaray. La primera vez, no sé muy bien por qué, me decepcionó un poco. A medida que transcurren los años, sigo pensando que no es tan duro como la Cruz de la Demanda ni tan bonito como Bonicaparra, sus dos puertos hermanos, pero a medida que lo voy subiéndolo lo disfruto más. Algo que me encanta es su descenso. Se puede pedalear, rodar rápido sin correr riesgos, las vistas son magníficas, y en ocasiones gozas de la compañía de algún visitante animal.

CAM0755¿¿Qué les voy a contar a estas alturas de Bonicaparra? Es mi favorito, ya lo saben. Cuando me preguntan acerca de los puertos más espectaculares que he tenido ocasión de ascender, suelo contestar Gavarnie-Boucharo, Tre Cime di Lavaredo y Galibier. No obstante, si hablamos de ascensiones no necesariamente míticas, que podamos encontrar en nuestra geografía, opto claramente por Bonicaparra. Cada estación del año es diferente, pero siempre proporciona paisajes bucólicos a unos sentidos cuya capacidad de recepción de la belleza intrínseca de este lugar se suele ver desbordada. Subo tranquilo, disfrutando del momento, sabedor que transcurrirán meses hasta que pueda volver a visitar este Paraíso.

17 de agosto. Hoy es la primera vez que visito Miranda de Ebro con la bicicleta. Está cerca de Cihuri, pero nunca había ido más allá de San Miguel, la pequeña aldea que separa Burgos y La Rioja. Desde Miranda de Ebro me he dirigido a Cellorigo, ese gran balcón natural que supone un puerto tan desconocido como espectacular, pese a su corta longitud.Lo más curioso del día ha sido ver un montón de globos volando en el cielo sobre los campos de Anguciana, cosa que en los días posteriores se irá repitiendo con otras poblaciones colindantes. Si Willy Fog levantara la cabeza, no daría la vuelta al mundo en 80 días, porque su globo se quedaría por aquí. ¿Acaso hay algún lugar mejor?

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Última actualización 29/04/2015 0:07:08


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