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Locuras en Castellón y despedidas de dos clásicas

20 de Abril de 2015 en cicloturismo

Primera quincena de agosto: Mas de la Costa y Ermita de San Cristóbal, entre otras rutas, con el traslado de mis queridas Ghost y Specialized a Valencia como nuevo hogar.


2 de agosto. Comienza el mes de agosto con una gran etapa que nos va a llevar a uno de los puertos más exigentes de la Comunidad Valenciana: Mas de la Costa. Quiero aprovechar este mes para hacer unas cuantas etapas enfocadas al cicloturismo tal como lo entiendo en su máxima expresión; es decir, rutas que realmente me motiven y se salgan fuera de los cánones de las habituales etapas sabatinas.

De buena mañana quedo con José y Josemi, pareja que me va a acompañar en esta aventura, en una gasolinera situada en el corazón de Les Valls. Se supone que yo soy el gran especialista en estas rutas y conozco perfectamente el itinerario para llegar a Lucena del Cid, así que serán ellos los que sigan la estela de mi vehículo. Sumido en el espíritu de Juanito (al pequeño Rodador me refiero) me equivoco de salida, pero al final damos con Lucena del Cid. Para colmo de males, el pueblo está en fiestas y acabo entrando en un laberinto de sinuosos callejones que apenas tienen salida para poder aparcar el coche.

Iniciamos la etapa con el puerto más sencillo: el Remolcador. Rampas suaves al lado de lo que nos espera más adelante. Terreno que me recuerda a la excursión del año pasado con Alejandro y David, en aquella jornada en la que este último aprendió a sufrir por una vez en la bicicleta para afrontar con garantías la Quebrantahuesos, probablemente su mayor hazaña hasta la fecha.

El descenso del Remolcador en dirección a Villamalefa y Argelita es sencillamente fascinante. Algún día quiero subir por esta vertiente. Faltan ojos para digerir la belleza del paisaje. Una vez en Argelita, nos adentramos en Mas del Moro, otro de los secretos mejor guardados de la provincia de Castellón. Esto es algo que también me recuerda enormemente a la famosa jornada con Alejandro y David. En esta ocasión, se hace algo más tranquilo, conversando tranquilamente con mis compañeros de expedición, sin que ninguno de nosotros acabe apajarado.

La bajada del Mas del Moro nos conduce a Lucena del Cid. No es momento, empero, de finalizar la etapa, sino de afrontar el gran reto del día, uno de esos puertos de referencia que no demasiada gente se atreve a ascender. Es de esos que intimidan, pero que si los superas, acabas obteniendo una satisfacción increíble. Con sus 4 kilómetros al 12.4% de pendiente media y 22% de pendiente máxima, ¿qué voy a decir que ustedes no sepan? Cada uno a su ritmo; unos tirando de fuerza con su plato de 39 dientes y otros, como yo, de paciencia rayana en el estoicismo moviendo el 34. El kilómetro final es espectacular. Sencillamente mágico, con una última recta apoteósica en la que bien sabes que estás alcanzando la cumbre de un puerto con mayúsculas. Cuando te asomas a divisar el horizonte acabas siendo consciente de la locura que acabas de protagonizar. ¿Cómo puede un ser humano subir en bicicleta tanto en tan poco espacio? No sé cómo lo hacemos, pero la cuestión es que lo conseguimos.

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CAM07503 de agosto. Jornada de teórica transición por la comarca del Camp de Morvedre antes de volver a casa. Extraña etapa de tarde de domingo, cuando se supone que uno tiene otros quehaceres. Me encanta el Camí Vell de Terol, ideal para rodar por sus sinuosos tramos en los que se suceden curvas, repechos y continuos vaivenes. Me adentro en la urbanización Tres Barrancos, esperando hacer una subida progresiva y no excesivamente dura, para acabar en una rampa increíble en cuyo final te das contra el portal de un chalet. Acabo la etapa ascendiendo La Retoressa por Font de Quart; sencilla y muy recomendable para el entrenamiento. Será cuestión de ADN, pero me encanta rodar entre naranjos.

5 de agosto. Clásica etapa con bicicleta de montaña en las inmediaciones de Puertollano, por los caminos de tierra que unen el Pozo Norte y la clarificadora, para anotarme finalmente otro puerto más, el de Mestanza. Muy buen ritmo. Puedo estar satisfecho.

6 de agosto. Esto es un continuo suma y sigue. Esta vez, jornada muy cortita para aprovechar la tarde cuando está a punto de ponerse el sol. Ascensión al Terri y vuelta por Pozo Elorza y Encasur.

7 de agosto. Cualquiera día que ésta es una etapa de transición. Pues no. A veces los sentimientos superan los números con creces. Se trata de la última ruta que voy a realizar con mi Ghost. En septiembre tengo pensado comprar una bicicleta de montaña mejor, con la intención de dedicarme en gran parte a esta modalidad del ciclismo en Puertollano. No reniego de la carretera, pero aquí tengo a mi disposición multitud de caminos a los que no quiero renunciar. A su vez, se suele aprovechar mejor el tiempo de entrenamiento y, dicho sea de paso, no estás a merced de los conductores de vehículos a motor. No jubilo mi Ghost, simplemente la traslado a Valencia. Se trata de una bicicleta de montaña sencilla, pero le guardo mucho cariño por haber sido la que realmente me ha introducido en este apasionante mundo. La noche cae, y las rampas del Cerro Buenavista sirven de dignísima despedida a una compañera de viaje que muy pronto me acompañará por las carreteras y por los caminos de la Serra Calderona. Jornada sencilla, pero llena de añoranza.

9 de agosto. Después de todo adiós hay una bienvenida, o al menos de eso se trata la vida. Hoy mi Ghost ha conocido la Serra Calderona, después de llegar de tierras de Campos de Calatrava y Valle de Alcudia como hogares habituales hasta el momento. Con ella he coronado dos de mis puertos favoritos de la zona: Masía Tristán y Ermita de San Cristóbal, desde Geldo. Etapa divertida y exigente en la que se combinan tramos de carreteras secundarias y pistas forestales; terreno sinuoso rompepiernas y ascensiones de dureza considerable. La Ermita de San Cristóbal, en Castellnovo, me parece más exigente que La Frontera, por ejemplo. De hecho, no todo el mundo se atreve con ella. Merece la pena no sólo por el hecho de subirla, sino por poder apreciar las vistas que brinda el serpenteante descenso. Fascinante.

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10 de agosto. Povitxol y Castell de Beselga, esos lugares que tanto destilan mi propio ADN últimamente, son los protagonistas de esta etapa dominical por las inmediaciones de Albalat dels Tarongers, Estivella y Torres Torres. A Beselga subo por ambas vertientes, como le gusta a Julián Ramón. Si hay dos, ¿por qué conformarse con una sola? Ambas son muy diferentes entre sí. Por El Pla el asfalto está mucho más descarnado y, sobre todo, la carretera pica muchísimo hacia arriba. Los perros del chalet de una de las últimas curvas se suelen escandalizar al paso de los ciclistas. ¿No tienen estos locos otra cosa que hacer un domingo por la mañana?, deben pensar. Pues la verdad es que no...

11 de agosto. Otra etapa en Puertollano para continuar con la lenta suma de ascensiones a lo largo del año. Esta vez al puerto de Mestanza, con mi Specialized. En cierto modo, también esto huele a despedida. Pronto viajará a La Rioja para quedarse finalmente en Valencia. Probablemente sea su última ruta en Puertollano en mucho tiempo. Cuestión de optimizar espacio en el coche en el futuro. En cualquier caso, lo importante es que se avecinan las vacaciones, y eso es sinónimo de muchas y muy buenas excursiones por el norte de la Península. 


Última actualización 29/04/2015 0:07:44


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