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Viaje a Dolomitas 2014

Increíble viaje a los dolomitas por los miembros de la peña con el fin de participar en la Maratona.

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Viaje a Dolomitas 2014: la fascinación por lo indescriptible. (2ª parte)

4 de Enero de 2015 

Segunda parte de la crónica del viaje a Dolomitas. Desde Treviso hasta la línea de salida de Maratona dles Dolomites.


Miguel Ángel lleva todo muy preparado. En varios folios tiene marcadas todas las incidencias previstas en el trayecto hasta nuestro destino: Corvara Alta Badia. Esto sería perfecto si con las prisas no se nos hubieran quedado en el maletero. Yo tengo unas anotaciones hechas a mano; no me ha dado tiempo a más. Cada uno pensamos ir por un sitio, pero al final vamos por donde nos marca el GPS. Una voz metalizada en un castellano muy guiri repleto de barbarismos. En cualquier caso, nos conduce a donde queremos; eso sí, lejos de los tramos de autovía que habíamos visto dibujados previamente en el mapa.

Poco a poco, vamos atravesando poblaciones y apagando nuestras discretas dudas acerca de lo correcto del trayecto, a medida que reconocemos los nombres de algunas de ellas. Nos acercamos a las montañas. Dejamos atrás la llanura de las tierras cercanas al Adriático. Estamos frente a los Dolomitas. La sensación es de presenciar la belleza suprema, la magnificencia de lo gigantesco y precioso a la vez. Antes ya hemos estado en Pirineos y en Alpes. Ahora, a pie de Dolomitas, descubrimos de un plumazo por qué son algo sencillamente superior. Amor a primera vista, tal cual.

Buscamos alguna localidad donde encontrar un restaurante para cenar. De golpe y porrazo, nos plantamos en el Lago de Alleghe, sin comerlo ni beberlo. Obviamente, nos detememos. La ocasión lo merece. El reflejo de la caída de la noche sobre el agua, el Monte Civetta a nuestra espalda.



Me recuerda al Lago di Como, cerca de Milán, o a Montreux, donde tantas y tantas estrellas del rock y del jazz han actuado, donde vivió parte de sus últimos días Freddie Mercury, donde se gestó una canción con uno de los riffs más emblemáticos de la historia, Smoke on the Water, de Deep Purple. Hay un restaurante junto al lago; por eso hemos parado. Empero, no todo puede ser tan bonito, y no ofrecen cenas, sino copas y poco más. Arrancamos, por tanto, hacia el próximo pueblo.

Enseguida llegamos a Caprile. Paramos en un aparcamiento y nos disponemos a montar nuestras bicicletas. Con mis humildes dotes de mecánico, llego casi hasta el final cuando, ¡Dios mío!, veo que hay un problema para fijar la tija del sillín. Juro y perjuro que no me he dejado ninguna pieza en Puertollano. ¡Todo está en la maleta y no encaja bien!

La explicación es bien sencilla. Desde que compré la bici no he movido la tija del sillín. La tija y, por ende, la sección del cuadro donde ésta se aloja, no son cilíndricas, sino que tienen un extremo que describe una forma más o menos ovalada, según el diseño del cuadro Tarmac S-Works de Specialized. Pues bien, al desmontar la tija, se cayó una cazoleta sobre la que encaja la tija, quedándose ésta encajada en el interior del cuadro, cosa que no descubriré hasta la vuelta a Puertollano. Afortunadamente, por una vez, prefiero ser cauto, y con la Marmolada en el horizonte, e indicaciones de señales que conducen a San Pellegrino, decido no ponerme nervioso y desperdiciar un día en el Paraíso. Andamos tranquilamente hacia un restaurante muy familiar, realmente típico de la auténtica Italia, tratando de olvidar lo acontecido. 

Tras una excelente cena, nos despedimos de los dueños como buenos comensales, y éstos nos explican las bondades del puerto de Falzarego, el mismo que subiremos mañana, el mismo en el que Fausto Coppi y Gino Bartali maravillaron a los aficionados varias décadas atrás. Estamos ante la majestuosa Historia del ciclismo mundial. 

Volvemos a la furgocaravana. A través de carreteras de montaña en las que en ocasiones apenas si podemos superar los 40 km/h, avanzamos poco a poco hasta llegar a la cima del puerto de Campolongo, el cual ascenderemos por partida doble en la Maratona dles Dolomites. Desde allí se divisan las luces de Corvara Alta Badia, un pueblo de alta montaña en pleno corazón de la cordillera más espectacular que conozco, la misma en la que tantas veces deleitaron a los aficionados Alfredo Binda, Felice Gimondi, Claudio Chiappucci o Marco Pantani. 

No es momento para hacer turismo. Mañana hemos de madrugar, y no poco. Cruzamos la población hasta encontrar un lugar donde aparcar la furgocaravana. Al menos, por suerte, éste se encuentra en la misma carretera que une esta población con La Villa, un pequeño pueblecito situado a unos cinco kilómetros, desde donde tomaremos la salida (la llegada tiene lugar en Corvara Alta Badia). Aguanto los nervios. Al fin y al cabo, no me van a conducir a nada. Si he de hacer la Maratona sin sillín, la haré, pienso. Ya hice una Quebrantahuesos sin biela y una Irati Xtrem enfermo. No me voy a rendir, y es hora de descansar. En eso sí que me noto mucho más maduro. Hace años me ponía nervioso antes de marchas mucho menos importante. Esta vez, en la más relevante de toda mi vida, estoy mucho más tranquilo. Cosas de la edad. 

A las cuatro de la mañana (sí, leen ustedes bien) suena el despertador. Hace un frío que pela, pero debemos madrugar para recoger los dorsales, al no haberlo hecho el día anterior.


Aprovecho las circunstancias para buscar locamente algún mecánico que me eche una mano. De lo contrario, haré toda la marcha de pie, ya que al apoyarme sobre el sillín éste no permanece estable y se inclina ligeramente hacia adelante. Me da miedo por mi cuadro y, sobre todo, por no ocasionar ningún accidente en medio del pelotón.

Tengo más mecánicos que Fernando Alonso. Una pléyade de ellos, ensimismados en averiguar el misterio de mi tija. Les aseguro que no me he dejado nada, que ahí está todo. Lo intentan con todas sus fuerzas, pero debe ser que Specialized no es una marca que conozcan demasiado, y no andan tan avispados como mi mecánico días más tarde en Puertollano, quien detectará el problema antes citado al vuelo. Afortunadamente, me ayudan tanto como saben, y llegan a una solución tan rudimentaria como eficaz: fijar la tija al cuadro con cinta aislante. Queda muy cutre, lo sé, pero me aseguran que así podré tomar la salida y acabar sin problemas la marcha. Ande yo caliente y ríase la gente, pienso para mis adentros. Después de todo, puedo participar en la tan ansiada Maratona dles Dolomites.


El sueño está a punto de comenzar. Estamos rodeados. De montañas míticas. De ciclistas de todas las nacionalidades imaginables, algunos de ellos literalmente disfrazados de espermatozoides para soportar el frío. De público entregado. De una organización exquisita, a años luz de cualquier cosa que hayamos visto en España. De animadores a modo de gigantes y cabezudos tiroleses. De bandas de música y fanfarrias. El ambiente es exageradamente emotivo. Ya saben ustedes que soy un enamorado del ciclismo. Comprenderán mi excitación cuando les digo que soy consciente que estoy ante mi experiencia más grande jamás vivida. Además, en el plano simbólico, es la primera vez que el maillot de mi querido club, Unión Ciclista Rodadores de Benicalap, va a lucirse por las carreteras dolomíticas, y voy a ser yo su portador. Suena Eye of the Tiger. Subidón. Dicen que los sueños, sueños son, y añado yo que en ocasiones se hacen realidad. La Maratona dles Dolomites está a punto de empezar.






Última actualización 05/01/2015 10:53:31

  1. 1. Viaje a Dolomitas 2014: la fascinación por lo indescriptible. (1ª parte)
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