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La Marina y La Safor, etapa reina 2014

Crónica de la segunda etapa reina de la peña en el año 2014

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La Marina y La Safor, etapa reina con colofón en el Montdúver (2ª parte)

24 de Julio de 2014 en cicloturismo

Crónica de la segunda etapa reina del año de UC Rodadores, con inicio en La Drova y ascensiones a La Safor, Margarida, Ebo y Montdúver. (2ª parte)


He llegado a Pego todavía alucinado con la pared de Benirrama. Iba hablándolo con Paco, con quien he compartido buena parte del trayecto desde Margarida. Pronto veremos una subida bestial a la izquierda, le decía. Ese comentario tranquilo ha desembocado en todo tipo de interjecciones e incluso alguna que otra onomatopeya. ¡Caray con el Granero!, nos decíamos. ¿Cómo puede osar a subir semejante infierno?

 

Poco antes de Pego nos ha comenzado a llover. Por el momento, de forma muy leve. Nada que no tenga remedio con un buen chubasquero y ganas de continuar. Alguno se ha puesto remolón. Yo no he querido forzar demasiado la situación, al fin y al cabo ya conozco Ebo desde el año pasado, aunque me sabía mal que mis compañeros perdieran la opción de disfrutar de uno de los puertos más bonitos de la Comunidad Valenciana. Afortunadamente, ha imperado el sentido común y hemos continuado en dirección al Alto de Ebo.

 

Hemos ascendido la vertiente por excelencia, entre Pego y Vall d'Ebo. 8.6 kilómetros al 5.4% de pendiente media. Un puerto muy constante, siempre entre el 5% y el 6% de desnivel. Agradable de subir y, en cierto modo, nada fácil por su longitud y lo que teníamos ya en las piernas (La Safor y Margarida). A Ebo le ocurre algo parecido a otros puertos como Arrebatacapas en Ávila, Bonicaparra en La Rioja, Cotos en Madrid... No es el más duro de la zona, pero sí tan bonito que deja una huella muy profunda grabada en el corazón, de manera que desde el momento en que lo subes estás deseando volver en otra ocasión. No todo en el cicloturismo son rampas imposibles ni puertos kilométricos. El encanto no se mide con números, y difícilmente puede expresarse con palabras. Algo similar ocurre con Granada como ciudad, Sant Gilgen (pueblecito cercano a Salzburgo, en Austria) como pueblo, o un disco de David Bowie en los 70... Los ejemplos musicales son muy didácticos en este aspecto. Las buenas canciones no necesitan tener demasiados artificios, les basta con su alma, cosa que por otra parte es muy difícil de conseguir. Sólo los grandes son capaces de hacerla aparecer. Pues bien, las curvas iniciales de Ebo y su maravillosa visión del Mediterráneo le otorgan a este puerto de montaña un encanto especial que pocos pueden igualar.

 

He subido la totalidad de la ascensión con Chevi. Apetecía charlar un rato con un buen amigo, lejos de los esfuerzos titánicos que realizamos en otros momentos. Por detrás ha llegado Axel, quien se ha unido a la fiesta en la parte final. De reojo mirábamos a David, quien peleaba contra el mundo y contra sí mismo para hacer la escalada de su vida, partiendo desde muy atrás. Un poco por orgullo, y otro poco por fastidiar, le hemos mantenido la distancia tras permitirle que se fuera acercando paulatinamente. Más que nada por no ahorrarle el sofocón...

 

Ya arriba nos hemos reunido con los más rápidos y esperado al resto. Después de disfrutar de una espectacular bajada, utilizando el descenso como un magnífico mirador del mar al que cantó Serrat, hemos invertido un tiempo en recorrer las calles de Pego hasta llegar al Restaurant Rafel, donde hemos almorzado a lo grande.

 

Anuncios en la tele, modelos guapas y otras no tanto, melones gigantescos, pájaros que recogen el agua de una especie de pozo que tienen en la parte inferior de la jaula, vídeos del Giro de Italia, platos por doquier, elecciones europeas, chupitos, envío de fotos a grupos de whatsapp... todo un batiburrillo de ideas y cosas que han supuesto una mezcolanza de lo más variopinta en uno de esos almuerzos que no pasan inadvertidos.

 

Al salir, ¡zas!, ha empezado a llover de lo lindo. No había otro remedio que coger la bicicleta. De perdidos al río, dicen. Entre Chevi, Manolo, Julián y yo hemos ido guiando al grupo en el tramo hasta Gandía. Por suerte, el tiempo ha mejorado y la carretera ya en esta zona no estaba mojada. Poco antes de llegar a la capital de La Safor, hemos contado con un invitado de lujo, Miguel Ángel Granero, quien se ha incorporado inmediatamente después de su jornada de trabajo matutina.

 

No quiere uno ser pesado, pero pasarán aún dos o tres semanas hasta que la alergia haya remitido, y entre las secuelas del mes de mayo está un mayor número de pulsaciones por minuto, que acaban por desgastar más de lo normal a quien escribe. Esos efectos traen consigo otras consecuencias. En ocasiones, algo de asma. Hoy, por suerte, no. En otras, un mareo bastante intenso. Y así, con la sensación de tener el constante zumbido de un mosquito digno de aparecer en la canción "Sueños en televisión" de Santiago Auserón, he rodado desde el almuerzo. Como no quería preocupar a nadie, he disimulado lo que he podido, aunque ha llegado un momento en que mi conversación inicial se había tornado en un concurso de monosílabos.

 

En Gandía, por error, nos hemos separado en dos grupos, de manera que hemos ascendido La Drova un tanto disgregados. En mi caso, con Toni, Miguel Ángel, Chevi, Axel y Miguel Vila, básicamente. Al comenzar la ascensión, no he podido disimular más. Estaba muy tocado por el mareo, de manera que he sacado la calculadora, porque no dejaba de tener el Montdúver en mente. Quiero aprovechar estas líneas para agradecer enormemente el apoyo que he tenido de estos compañeros en la subida a La Drova. Pese a que les incitaba a que se fueran hacia delante, se han quedado practicamente todo el puerto animándome. Debo reconocer que se agradece, y mucho.

 

Ya en La Drova, la mayoría de la gente ha dado por concluida la etapa. Sólo cuatro nos hemos atrevido con el Montdúver: Chevi, en un espectacular momento de forma; MIguel Ángel, fijo en las apuestas; Axel, quien demuestra cada día un espíritu de superación y un amor por este deporte a prueba de bomba; y quien humildemente elabora este relato, pese a su situación de salud.

 

 

He comenzado sin mucho rumbo. No quería estresarme con la dureza del Montdúver. Hasta donde llegue, me he dicho. Una vez pasada la rampa cuasimortal del inicio, he cogido mi ritmo y, a trancas y barrancas, he conseguido llegar al Coll de les Bigues, sabiendo que a partir de ahí nada me podía parar. Disfruté más en diciembre, más fresco y con salud. Esta vez más bien era una lucha de superación y una cabezonería por dedicar algo muy bonito a alguien que lo es más. Precisamente en el Coll de les Bigues me ha alcanzado el bueno de Axel. Le he dejado unos cincuenta metros para evitar tropiezos, porque los dos íbamos al límite. El tramo final ha sido precioso. Tras la sucesión de curvas de herradura, hemos llegado a la cumbre, superando cuatro kilómetros de una dureza extrema, con momentos puntuales de hasta el 29% de pendiente. Se dice pronto...

 

 

Es muy difícil trasladar al papel o a la pantalla la explosión de júbilo que hemos sentido todos al vernos juntos allí. Miguel Ángel ya está acostumbrado, pero era la primera vez de Chevi, la primera gran demostración de Axel y, además, como buenos amigos que son, los tres eran conocedores de mis circunstancias. Nos hemos fundido en uno de esos abrazos que jamás se olvidan. Nos hemos dado la enhorabuena los unos a los otros. Dicho sea de paso, he felicitado a Chevi como Campeón de la Montaña 2014. En este trofeo que premia la regularidad, también se hace lo propio con la valentía, y hoy Chevi ha dado un paso de gigante. Un paso al frente como ya dio en la Bola del Mundo, en el Col du Tourmalet o en Hautacam. En definitiva, un tipo enorme.

 

Hemos bajado con cuidado, degustando cada momento que te ofrece el Montdúver. Y sí, Julián Ramón, quien aunque no le guste que se lo diga, hoy ha sido tan DON como siempre, ha subido hasta la cima caminando, ya que al hacer el servicio de coche de apoyo no tenía la bicicleta consigo. Según sus propias palabras, ha alucinado con lo que hemos hecho. Y nosotros con su compañerismo, aunque lo conociéramos de antemano.

 

Ya en La Drova, nos hemos quedado Miguel Ángel, Axel y yo esperando al senderista, hablando de futuros retos que cada vez están más próximos y son tremendamente ilusionantes: la Irati Xtrem, en Navarra, y la Maratona dles Dolomites, en Italia.

 

En definitiva, grandísima excursión, digna de ser una de las mejores etapas reinas jamás realizadas. Un placer haberla disfrutado con tan buenos compañeros.

 

 


Última actualización 11/02/2015 18:54:44

  1. 1. La Marina y La Safor, etapa reina con colofón en el Montdúver
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