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Semana Santa riojana: Pasión en la cumbre

Crónica de las etapas en Semana Santa 2014 en La Rioja y Burgos.

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Semana Santa riojana: Pasión en la cumbre (Primera parte)

13 de Mayo de 2014 en cicloturismo

Crónica de las primeras etapas en Semana Santa por La Rioja y Burgos: Montes Obarenes y Trigaza.


17 de abril. Ayer llegamos a Cihuri a las tantas de la noche. Lo mejor de las vacaciones consiste en dejar fuera de juego el despertador y amanecer cuando el cuerpo te lo pida, lejos de los caprichos de las obligaciones laborales y los madrugones para hacer etapas con la bicicleta, lo cual casi es peor para el sueño.

 

Así pues, a media mañana, he realizado mi salida habitual por caminos entre viñedos hacia Sajazarra, por supuesto en bicicleta de de montaña. Como siempre, un placer rodar por estos lugares. De todos es sabido a estas alturas cuánto me gusta esta tierra. Ciudadano del mundo soy, sí, pero obviamente mi corazón está en Valencia y, también, ¿cómo no?, en dos lugares que no me han venido dados por el destino, sino que he encontrado en la vida. Ocurría con pintores que acababan en París, con músicos en Nueva York o en Montreux...  Pues bien, mi "gran ciudad" sería Londres, pero si algún día me tuviera que perder en algún lugar, desde luego que estaría en La Rioja o en Soria.

 

Desde Sajazarra, he realizado una etapa más o menos similar a una de las que hice el pasado mes de enero. Una vez en la ermita de Santa Cilia, me he desorientado en un camino, dirigiéndome hacia las Peñas de Gembres cuando mi intención era ir a los Montes Obarenes. Fruto de esta equivocación y de la mala señalización, o más bien ausencia de la misma, he acabado en una finca particular, ante la amenaza de unos perros que tienen una manía persecutoria más que justificada por los ciclistas, ya que según me ha comentado su dueña, algún desalmado le pegó una patada a una perra y, lógicamente, el animal está traumatizado. Por poco pago el pato, pero por suerte me he librado de la quema.

 

Inmediatamente después de lo que Radio Futura llamarían oscuro affaire, he restablecido mi camino hacia los Montes Obarenes. Me encanta esta ascensión. Camino de tierra no excesivamente técnico y bastante duro, sobre todo en su tramo final. En enero la subí entre la niebla. Esta vez, he podido disfrutar de la maravillosa vista de los Obarenes en todo momento y, dicho sea de paso, ya en la cumbre, de la Sierra de la Demanda nevada al frente, imagen bucólica si se tiene en cuenta el contraste con el verde imperante en el valle en el que se encuentran Santo Domingo de la Calzada, Ezcaray, Haro y otras localidades de renombre.

 

 

Una vez en Galbárruli, me he dirigido directamente a Cihuri. Me habría gustado ir a Cellorigo, pero lo dejaré para mejor ocasión. Prefiero compaginar la bicicleta con otros asuntos, porque al fin y al cabo es la mejor manera de hacer que la afición fluya de manera natural por el curso de tu vida. En Sajazarra, ya de vuelta, estaba seco, sediento por el azote del calor. Me he detenido con toda la ilusión del mundo en una fuente junto a la carretera y, ¡oh, Dios mío!, no caía ni una gota. Sumido en la desazón, he optado por ir directamente a Cihuri, deshaciendo el camino, en lugar de entrar en el pueblo; por cierto, uno de los más bonitos que jamás he visitado. Ya muy cerca de casa, en la Ermita del Tironcillo, he visto a Marta caminando. ¿Se acuerdan ustedes de la pareja de enamorados a la que hacía referencia en esta misma ermita en la etapa del mes de enero? Pues bien, no íbamos a ser nosotros menos, así que me he quedado un buen rato con la compañía más agradable que puedo tener en uno de esos lugares que invitan a la calma, la paz y la reflexión.

 

18 de abril. No quiero agobiarme este año por el número de CIMA's que acabe ascendiendo. En 2013 logré el reto de acabar entre los diez primeros del CILOCU (ya dije en su día que probablemente el primero de entre los casados con santa mujer no ciclista), y en 2014 más bien me lo planteo a modo de cuentagotas. Hoy he aprovechado para subir una de esas ascensiones que tenía pendientes, cerca de Cihuri, a tres cuartos de hora en coche. He viajado a Valmala, un pequeño municipio burgalés, desde el que he afrontado una subida que me ha fascinado: Trigaza. Con sus 10.2 kilómetros al 6.6% de pendiente media, este puerto presenta números dignos de clásico.

 

Los primeros cuatro kilómetros discurren por una carretera perfectamente asfaltada, camino de Alarcia, por lo que llaman "puerto de Valmala". A partir de allí, me he confundido, y he llegado a Alarcia, haciendo un par de kilómetros extra. He cruzado una valla en dirección a Pineda, con las antenas de Trigaza al fondo; pero el mal estado del firme me ha indicado que eso de estar entre decenas de vacas (y sus consiguientes boñigas) está muy bien, si bien ése no podía ser el camino para llegar a la cima.

 

Por suerte, en todo pequeño pueblo hay un hombre limpiando su todoterreno dispuesto a solucionarte las dudas. No era esa valla, sino una anterior, justo al acabar el puerto de Valmala, la que debía haber cruzado. He regresado al lugar en cuestión y, una vez atravesado el obstáculo, en el que hay una indicación que prohíbe la recolección furtiva de setas, el cual tiene como utilidad evitar que las vacas pasen a la carretera; he comenzado a subir el segundo tramo del puerto. Mucho más exigente que el anterior, con casi todos los kilómetros restantes rondando entre el 7% y el 11% de pendiente media y, sobre todo, precioso. La carretera se estrecha; en ocasiones el firme es un tanto irregular, por lo que me alegro de haber viajado con la bicicleta de montaña. Al principio, la ascensión discurre por un campo abierto, con una visión muy amplia de la naturaleza, para adentrarse más tarde entre el bosque, precisamente en sus rampas más duras.

 

 

Bien es sabido que esta zona me encanta, y que a nivel de puertos se pueden encontrar pequeñas grandes joyas que bien pueden recordar a montañas alpinas, tales como la Cruz de la Demanda o Peña Hincada; a fantasías pirenaicas, como Moncalvillo, a cuentos de hadas sin parangón, como Bonicaparra... En este caso, Trigaza me ha recordado en su inicio (de este segundo tramo me refiero) a la Hourquette d'Ancizan, fabulosa ascensión con la que iniciamos nuestra estancia en Pirineos el verano pasado. ¡Casi nada!

 

 

Ya arriba, he aprovechado para tomar fotografías del valle, y divisar un camino de tierra por el que seguramente podría acabar en la Cruz de la Demanda y, por ende, en Valdezcaray, Bonicaparra o San Miguel de la Cogolla. Ahora bien, hacer todo este recorrido son palabras mayores. Lo guardaré en cartera para mejor ocasión.

 

 

El descenso, por supuesto, ha servido para degustar los paisajes de una manera mucho más relajada hasta Valmala. Desde allí, he vuelto a casa, con el décimo CIMA del año en el zurrón, y las pilas cargadas para futuras jornadas.

 

 

 

 

 


Última actualización 14/05/2014 0:47:12

  1. 1. Semana Santa riojana: Pasión en la cumbre (Primera parte)
  2. 2. Semana Santa riojana: Pasión en la cumbre (Segunda parte)
  3. 3. Fotos
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