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Fin de año en la cumbre

30 de Diciembre de 2013 en cicloturismo

La temporada ha concluido con las ascensiones al Javalambre (Teruel), al Campello-Portixol (Valencia) en Navidad, y a Castilnegro (Ciudad Real), puerto de extrema dureza; además de una ruta por Sierra Morena con Miguel Ángel Granero.


El sábado 21 de diciembre me desplacé a La Puebla de Valverde, en Teruel, con objeto de ascender el Javalambre. Hasta entonces, aún no lo había hecho. Era una deuda que tenía pendiente. Dicen que ésta no es la vertiente más bonita, pero tampoco era algo que me preocupara en exceso. Quería completar un puerto CIMA más y, sobre todo, hacerlo de la manera que conciliara mejor con la vida familiar. Con ese pretexto inexcusable, lo mejor era salir desde el punto más cercano a casa.

 

Con sus 22.2 kilómetros al 3.3% de pendiente media y rampas del 10%, es un puerto de dureza razonable, que normalmente ronda el 5% de desnivel, si bien éste baja en su valor medio por distintos descansos que se suceden, normalmente cada cinco kilómetros más o menos.

 

Si bien es cierto que el primer tramo no ofrecía gran cosa en cuanto a paisajes, la magia del coloso turolense surge en las proximidades del Collado El Gavilán. A partir de allí, pude disfrutar montado sobre mi vieja Zeus de una sucesión de bellas postales in situ. No sabe la gente friolera lo que se pierde por no aventurarse a abrigarse bien y subir puertos nevados. Es de lo mejor que se puede hacer. Este año he repetido esa experiencia en distintas ocasiones (Valdelinares, Navacerrada, Moncayo, Bonicaparra, Peñahincada...) y les puedo asegurar que es una auténtica gozada.

 

A medida que iba acercándome a la estación de esquí, me iba adelantando algún que otro coche con sus pasajeros jaleándome sorprendidos por ver un ciclista solitario en esas fechas por allí. Al final, llegué sano y salvo a la cumbre, dispuesto a divisar el maravilloso paisaje, a escuchar el sonido de los copos de nieve que caían de los árboles cubiertos de manto blanco al ser golpeados por el viento, a disfrutar de la vista panorámica que llega desde Penyagolosa a Teruel, pasando por Puertomingalvo y Valdelinares.

 

... y digo yo... ¿para qué comprarse un árbol de Navidad cuando puedes subir a verlo en bicicleta?

 

 

 

Aproveché el descenso para tomar alguna que otra fotografía, y el viaje de vuelta para comprar embutido, conservas, mermeladas caseras y demás delicatessens en un conocido lugar de paso junto a la autovía.

 

Tras el descanso dominical que tanto promulgaban los hermanos Cano y la señorita Torroja, volví a casa por Navidad y, como cada día 25, tuve una cita más o menos breve con mi bicicleta. Costumbres de un servidor. Siempre llego a casa temprano, no se crean que estoy tan loco, pero ya que no puedo salir el día 24 como muchos, tengo esa tradición. El año pasado di una vuelta por la Calderona. Esta vez, fue bien distinto. Me desplacé con Miguel Ángel a Aielo de Malferit. Hacía un día de perros. La idea era haber subido el Campello-Portixol por las cuatro vertientes, desde Aielo de Malferit (este), Ontinyent (sur), Moixent (oeste) y Vallada (sur). Estas cuatro vertientes describen una cruz, si bien el punto de convergencia es el Campello, estando el Portixol un poco más alto y desplazado hacia Ontinyent.

 

No es que cayera agua a cántaros continuamente. Se podía salir perfectamente. En cualquier caso, tampoco había ganas de padecer siendo el día que era; así que finalmente nos limitamos a ascender desde Vallada, puesto que ésta es la cara más dura (valga la expresión; nada que ver con los políticos...) y la que contabiliza como puerto CIMA.

 

Este puerto también es engañoso en cuanto a números. 7.8 kilómetros al 6.8%... No parece tanto. No obstante, si atendemos a los dos kilómetros consecutivos al 12.5% y 11.4% respectivamente, con rampas del 21%, la cosa cambia. Ése es precisamente el tramo que lo hizo conocido en la desaparecida Volta a la Comunitat Valenciana. Curiosamente (nunca pensé que pudera llegar a ese punto), lo subimos tranquilamente, charlando como si cualquier cosa (obviamente, con esfuerzo), disfrutando de un paisaje magnífico... hasta que llegó el viento de cara y la cosa se complicó. "Esto se parece bastante al final", decía El Crack. Pues bien, ¡era el final! Lo habíamos acabado sin apenas enterarnos... ¡Válgame Dios! A nuestro ritmo, nos hemos ido acostumbrando a estos esfuerzos, y poco a poco, subimos lo que haga falta.

 

Ya arriba, nos entretuvimos en tomar unas cuantas fotografías, algunas de broma con toque navideño, e incluso a grabar algún vídeo para la posteridad. Después, acabamos de subir el Portixol, mucho más liviano, y volvimos a Vallada, donde dimos una pequeña vuelta en la que se apreciaba claramente que éramos forasteros... Más que nada porque no es habitual ver un ciclista con pantalones militares con función de chubasquero (o a la inversa), chubasquero (chaqueta) amarillo chillón, combinado con un gorrito para el mismo uso...

 

 

Por si había habido poca ración de Crack, el fin de semana tuve visita. El sábado, antes de llegar a mi casa, vino de subir los puertos de El Rocino y Castilnegro. Precisamente me había quedado yo en abril con ganas de subir Castilnegro. El domingo, antes de que él subiera los tres puertos CIMA que le restaban para completar la provincia de Ciudad Real, me acompañó a que yo subiera el mío...

 

4.2 kilómetros al 8.9% de pendiente media con rampas del 26% en un kilómetro mortal al 15.3%. Además, el pavimento hormigonado descarnado no acompaña, por lo que acudí con la bicicleta de montaña. Aparcamos junto a un chalet, poco antes de que se complique la cosa. Bajé al inicio del puerto, junto a la carretera nacional, y volví literalmente de paseo, ascendiendo los kilómetros más sencillos al 6% sumido en un paisaje con una vegetación fabulosa, entre olmos, arces, quejigos, madroños, fresnos, álamos negros y canadienses, alcornoques, brezos blancos y una plantación de pinos.

 

 

Justo antes de la rampa más dura, me tuve que detener. Todo el tráfico del día estaba concentrado allí. Un montón de cabras guiadas por un coche que bajaba, y otro vehículo detrás mío. No tenía espacio para maniobrar, así que esperé a que se desviaran las cabras para retomar la marcha.

 

¡Ufff! Es el kilómetro más extremo que he subido nunca. Incluso Miguel Ángel, que este año también ha llegado a subir Angliru, Bernia y Serra Gelada, opina igual. Yo sólo podría compararlo con el final de Castríos, pero creo que Castilnegro ha sido todavía más exigente. Es una batalla continua del ser humano por mantener el equilibrio. Es necesario tener sangre fría y guardar algún gramo de fuerza, aunque parezca imposible. El esfuerzo es demoledor, pero si quieres lograr el objetivo sólo tienes que concentrarte es superar esa lucha. Eso es lo que hice... ¡y lo conseguí! Llega un momento, incluso, en el que puedes llegar a descansar al 15% de pendiente. Parece increíble, pero así es. Va a ser que el dolor y el sufrimiento son conceptos relativos... Con la compañía de Miguel Ángel, quien me asistía en la cima, llegué a la cumbre de uno de los puertos más complicados que he subido nunca. En cuanto a rampas extremas, muy probablemente, el que más. Ya entonces podía fijarme en el paisaje. Una espesa niebla cubría el Guadiana a su paso por Puebla de Don Rodrigo. Espectacular. En el descenso, uno aprecia más si cabe lo que acaba de hacer. De hecho, si primero hubiera bajado, no me habría creído que iba a subir semejantes rampas  (y tal vez, tampoco me habría atrevido a hacerlo).

 

 

Volvimos a Puertollano, y cambié mi bicicleta de montaña por la de carretera, para acompañar a Miguel Ángel en su última aventura del año. Los puertos de Calero, Madrona y Los Rehoyos fueron los últimos de una larga lista. Acabé bastante cansado, la verdad, pero un día es un día. Castilnegro bien merecía el esfuerzo.

 

Concluye de este modo una temporada fabulosa, en la que he completado las Brevets 200 de Puertollano y Massamagrell y he participado en las marchas Valle de Ayora-Cofrentes y Quebrantahuesos; ésta última probablemente como gran hito en la Historia de Rodadores. Asimismo, he tenido la suerte de poder vivir junto a mis compañeros de Rodadores grandes momentos en excursiones organizadas por el club: Casas del Río, Lucena del Cid, Pirineos y Bola del Mundo (ésta con un desenlace nada deseable, si bien el final ha sido feliz, con Pau ya montando de nuevo en bicicleta). Además, he visitado más lugares que nunca, llegando a completar 227 puertos de montaña, 54 de ellos incluidos en el Reto CIMA (aparte de otros que también se encuentran en ese listado pero no contabilizan al haberlos hecho en años anteriores). He completado todos los puertos importantes de la Comunidad de Madrid y de Ciudad Real, he descubierto lugares hasta ahora inéditos para mí en mi propia Comunidad Valenciana y, sobre todo, he degustado mil y un rincones del norte de España con el epicentro en mi amadísima La Rioja.

 

2014 promete mucho más. Quedan por delante nuevos retos, principalmente centrados en completar una Brevet 300, y participar en la Irati Xtrem en Navarra y en la Maratona en Italia, además de subir Stelvio y Mortirolo. Seguro que acaba siendo inolvidable. Al menos, eso espero.

 

Por último, quiero dedicar esta gran temporada de "A golpe de pedal" que aquí finaliza a:

 

- Mi familia. Ellos son los que padecen cuando voy en la carretera y, sobre todo, mi padre, quien a menudo me acompaña en las excursiones más míticas y es el espejo en el que trato de mirarme para seguir y aprender de lo bueno que hay en esta vida.

 

- María Benadero y Jesús Velloso, de Puertosalud Fisioterapeutas, en Puertollano, ya que sin ellos seguramente no habría superado alguna que otra lesión y no podría haber completado semejante temporada.

 

- A mis amigos ciclistas. No os enumero; vosotros, los de verdad, sabéis de sobra quienes sois. Este año, muy especialmente, a Miguel Ángel Granero, a Julián Ramón, y a Chevi. El primero, por disfrutar del ciclismo de una manera muy especial y servir de aliciente continuo para afrontar nuevos retos. El segundo, por vivir la peña Rodadores como nadie, por enseñarnos a amarla cada día, y por darnos una lección a todos en Gavarnie. Ese día, a nivel humano, aprendimos más de él que en muchos años de escuela. El tercero, por vivir conmigo momentos inolvidables, y por tener la generosidad de sucederme como Presidente de la Unión Ciclista Rodadores, permitiéndome disfrutar de otra manera.

 

- Obviamente, por encima de todos, a Marta, quien soporta mi afición y la entiende; sin quien todo esto no sería posible. Soy muy afortunado. Sobran las palabras...


Última actualización 31/12/2013 10:59:54


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