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Excursión a Alfarp... ¡esta peña está muy viva!

26 de Octubre de 2010 en cicloturismo

Cambio radical al optimismo. Para empezar, la operación de Andrés fue muy bien. Para continuar, este club es una mina inagotable de gente entusiasta y comprometida... y así se vio en Alfarp.


Me diréis que últimamente cambio demasiado de humor. Quizás sea porque me esté haciendo mayor...

 

La semana pasada no tenía ganas de bici, y ahora estoy ansioso por llegar al próximo sábado. Hace unos días estaba deprimido por algunas decisiones, y ahora veo cómo la gente reacciona y estoy realmente exultante. A veces el principio de acción-reacción resulta vital, y esta ocasión es un claro ejemplo. Son innumerables los compañeros que han mostrado un compromiso incondicional a este club, y a su historia.

 

La amistad que nos une a todos y el respeto que le tenemos a la institución son tan enormes que uno no puede sino estar orgullosísimo de formar parte de esta gran familia. Estos días ha habido un punto de inflexión, ese toque de atención que tal vez necesitáramos para saber lo mucho que esta peña significa para todos nosotros.

 

Es el círculo social donde he encontrado a mis mejores amigos, y seguro que así nos ocurre a muchos de nosotros. Con todos mis respetos; ni facultad, ni trabajo, ni leches... a la gente que realmente se le aprecia se le conoce fuera de esos ámbitos que resultan de asistencia obligatoria. Y salvo excepciones muy honrosas (haberlas haylas, tanto en Puertollano y Madrid como en Burjassot), mis amigos de toda la vida, los de verdad, tienen que ver con la música (Pedrito y Pedrajas) o con la bici (¿hace falta que los diga?).

 

Resulta que esa amistad es tan fuerte, que cualquier cosa que tenga que ver con ella es indestructible, por lo que los cimientos de esta peña están a muy buen recaudo. ¡Larga vida a los Rodadores!

 

Dicho esto, qué mejor que comenzar con la alegría por el éxito de la operación de Andrés. Hablé con él el domingo, después de haber pasado por el quirófano, y sigue tan pletórico como siempre. Me alegro que todo haya ido bien. Ahora esperemos que vuelvas pronto a las carreteras, y hasta que lo hagas sobre las dos ruedas, confiamos en que nos deleites en algún que otro almuerzo, aunque sea como acompañante en el coche.

 

Y es que si David fue hace años el crítico de automoción de esta peña, después de subirse a tantos y tantos vehículos en aquel longevo periplo de pájaras semanales, es el momento para que Andrés apoye su trasero en el asiento del copiloto, y comparta con nosotros el típico rato de los sábados a las once, entre gritos, chistes y comentarios jocosos, al sabor de la tortilla con jamón y el café bombón de dudosa procedencia.

 

La etapa nos condujo a Alfarp. El camino a Torrent es un poco coñazo, por el tráfico. Entre Torrent y Real de Montroy, nos juntamos con mis viejos conocidos de Hornos Martínez. Tuve a bien saludar a José, el padre de mi buen amigo José Luis Herranz, compañero de fatigas en aquellos gloriosos años en los que comenzaba en esto de la bicicleta con la gente del Bar Los Chicos, pero, sobre todo, con Pepelu, con Manu y con Perea (por aquel entonces nos organizábamos como una peña cicloturista, con campeonatos y alguna revista, haciéndonos llamar "los Pericomaníacos"). Y Eloy y alguno más en el pueblo, no sea que se me vaya a enfadar al leerlo...

 

Sin que nadie nos lo diga, sabemos cuándo y cómo debemos rodar en grupo. Cierto es que algunas veces ha habido experiencias que mejor no recordaré (¡panda de cabrones!) pero días como este sábado fueron de libro. En El Barco se quedó un poquito descolgado Aurelio, ese compañero que cada semana pone lo que hay que poner para ir en el primer grupo. Para no dejarle tirado, me esperé con él y fui tirando hasta que, lógicamente, ahí estaban el resto de Rodadores para reagruparnos en una rotonda. Tomen nota. ¡Esto es un club!

 

Y así llegamos poco a poco a Alfarp. Creo que sólo había ido una vez a este pueblo con la bici, así que andaba un tanto perdido. Después de las frases míticas del profesor de conservatorio, cuya mayor fuente de estrés consiste en el temor a equivocarse y tocar un "sol" en vez de un "la" (dichosas preocupaciones), decidí tirar un poquito después de que Manolo me dijera aquello de "sólo quedan seis kilómetros". ¡Y una leche! Al cabo de seis kilómetros, probablemente también porque estaba algo mal de forma al estar poco entrenado, haber pasado una mala semana y haber cenado más allá de las doce por haber acudido a la reunión directamente de Puertollano... me tuve que dejar caer ante el ritmo que seguían marcando Pedro, Manolo y Javi. Menos mal que por detrás quedaban Dani, Paco, Javi "el zamorano" y alguno más, y pude coger una buena grupeta para alcanzar el bar. Las dichosas palabras de Manolo me recordaron a cuando hace años le mentía piadosamente a su hijo acerca del final de un repecho (bien es cierto que un rato largo), camino de Cheste por carreteras secundarias.

 

En el almuerzo... ¡oh, sorpresa! Había más "rodadores", de ese grupo más rezagado, con los que pudimos compartir almuerzo, ya que habían llegado un poco antes al atajar desde Real de Montroy. ¿Os suena de algo?

 

Allí fue donde fundamos el grupo G, para aquellos que a veces no vamos ni con el A ni con el B. En honor a los Hombres G, a Comando G, y al punto G, ¡por siempre el grupo G!

 

Y fuera de coñas, volvimos tranquilamente ya hacia Torrent, enganchándonos con la peña de Mislata, si no recuerdo mal. Fuimos bastante cómodos, ayudando a Gregorio en algunos repechos para que no se descolgara. Yo, en esta época en la que prefiero rodar tranquilo, me fui al final del grupo con Diego, y allí estuvimos de charla largo y tendido. El grupo se tensó en los últimos kilómetros antes de Torrent, y pude estar en los primeros lugares, aunque nada pletórico. Será cuestión de entrenar un poquito... Y con eso y un bizcocho, acabó la etapa de la exaltación de la amistad y del punto G.

 

El domingo salí a correr un rato. Nada espectacular, 4.5 kms, pero tampoco está mal. Desde casa a Poble Nou por la Ronda Nord, y de allí por un carreterín que conduce al Camí Vell de Godella, para volver a casa por los caminos de la huerta. Esa huerta que es la mejor estampa que puede tener Valencia; la de las alquerías, la de las barracas, la misma que me vio aprender a ir en bicicleta. Esperemos que se siga conservando parte de ella, aunque sea algún vestigio, y el dichoso progreso no acabe con ella.

 

 

 

 

 

 

 


Última actualización 27/10/2010 18:40:54


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