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Brevet de Massamagrell, otra aventura de más de 200 kms

12 de Abril de 2010 /2 Comentarios/en cicloturismo

Otra vez en compañía de Diego y Moiso, protagonizamos la segunda locura de la temporada: la Brevet de 200 kms organizada por la PC Massamagrell. Una buena jornada de ciclismo, pasando por Bétera, Vilamarxant, Casinos, Pico del Águila, Altura y Betxí.


Cuando hace un par de semanas escribí a unos cuantos para que vinierais a la Brevet de Massamagrell, pensándolo bien más tarde, me pareció una locura. La semana pasada iba a estar casi parado, haciendo rutas muy cortas para mantener algo la forma y descansando de manera descarada en el Algarve. Hay que compaginar la vida familiar con la bicicleta, y era un buen momento... Hacer 208 kms la semana siguiente a un descanso podía parecer una locura.

 

En cualquier caso, una vez habían contestado afirmativamente Diego y Moiso, no me podía echar atrás... así que era cuestión de acudir a Massamagrell.

 

Durante la semana hice una etapa de unas dos horas, entre carretera y rodillo, el lunes; y algo de rodillo el miércoles. Las piernas ya estaban bastante mejor que la anterior. Como veis, tampoco es que haya tenido mucho tiempo para entrenar (¡los entrenamientos de Dani y Juanito sí que dan miedo!). El viernes, viaje a Valencia para llegar razonablemente pronto y... ¡madrugar a las 5:30! ¡Vaya ideas tenemos los ciclistas de levantarnos antes para hacer lo que nos gusta que para ir a trabajar! Cosas que difícilmente se entienden desde fuera, pero hay que convivir con ellas en estos meses de marchas.

 

Así que ahí estábamos Diego, Moiso y yo, a las 6:20, para ir en coche a Massamagrell. Llegamos justo, pero bien. La primera sorpresa era la ausencia de Dani. Una pena. Le estuvimos buscando por el bar. Sin rastro de él. Conforme salimos, Moiso le llamó por teléfono (el inicio era tan tranquilo como oscuro). Una otitis le apartaba de la marcha. ¡Vaya lástima!

 

Salimos los tres en un grupo relativamente amplio (en la marcha éramos algo más de cien). Hasta Bétera la cosa fue tranquila. El grupo poco a poco se fue disgregando, y realmente no sabíamos muy bien nuestra situación. A partir de allí, el ritmo subió un poco y algo más tarde, en San Antonio de Benagéber, Moiso pinchó la rueda trasera. Nos paramos los tres a cambiar la cámara. ¡Para un día que íbamos tan a gusto a rueda! Total, que nos dimos cuenta que íbamos de los primeros, porque al cabo de unos minutos pasó un grupo con unas cien unidades... Cuando todo estaba reparado, habíamos caído al que fácilmente era el último grupo.

 

 

La disyuntiva era difícil. ¿Nos pegábamos una paliza para tratar de alcanzar el grupo bueno, cuando habían pasado cinco minutos? ¿O nos quedábamos en el último grupo, a un ritmo excesivamente cómodo? Dada la lejanía de la meta, optamos por lo más prudente. Ir a por los de delante quizás fuera factible, pero llegaríamos desfondados. Sin embargo, en la cuesta de entrada a Ribarroja nos dimos cuenta que iba a ser un suplicio ir en ese grupo. Demasiado lento.

 

Así que, entre unas cosas y otras, nos encontramos bypasseando Ribarroja de la manera más tonta (en vez de seguir recto por el pueblo), subiendo el repecho detrás de un Moiso enrabietado, a plato, y apretando los dientes para llegar a rueda de un grupo que iba en nuestra dirección. Resulta que no eran de la Brevet, como pensábamos, sino del club de Quart, pero nos sirvió para ir en grupo hasta Pedralba.

 

En Pedralba nos desviamos hacia Casinos, la primera parada. Pensábamos que no íbamos a alcanzar a nadie que fuera a un ritmo como el nuestro hasta el almuerzo de Altura, así que no era cuestión de obsesionarse, sino de seguir como si tal cosa, e ir comiendo. Pasamos a un par de breveteros más, que seguían yendo algo lentos para nuestro gusto. Eran los kilómetros psicológicos. Cuando ves que ya has rodado 60 kms y no has hecho ni un tercio de la etapa... es mejor no pensarlo.

 

Afortunadamente, al llegar al primer punto de paso, la gasolinera de entrada a Casinos, encontramos a gente que todavía estaba sellando el documento acreditativo de paso. Tuvimos suerte. Apenas paramos. Moiso fue a cuñar rápido los papeles de los tres, y en cuanto salió, iniciamos la partida en el grupo amplio. Una gozada. Apenas sin descansar, pero mejor así.

 

Durante el camino estuvimos discerniendo si era más fácil quitarse las perneras en marcha, u orinar sin bajarse de la bici. Yo era el único que apostaba por lo segundo, aunque la verdad es que nunca lo he probado. Como no era cuestión de indagar en estas habilidades por primera vez ese día, hubo que aprovechar un parón del grupo para miccionar en la intimidad, algo que en Casinos no habíamos podido hacer. Un momento romántico donde los haya.

 

Otra vez a remolque, pero esta vez sin problemas. A relevos relativamente rápidos, pero sin machacarse, llegamos al grupo a principio de la subida al Pico del Águila. Creo que no había pasado por Olocau (el pueblo de mi padre) en ninguna marcha. Algo cerca en la de Castellar, pero no exactamente por allí. Así que fue un momento emotivo, como pasar por Chelva el año pasado en los Siete Picos de Requena. De todos modos, no había tiempo para pensar mucho... La cuestión era seguir a un ritmo razonable y no alejarse demasiado de los primeros del grupo, para llegar juntos al almuerzo de Altura. Táctica a la italiana. Unos dirán que reservona. Otros que inteligente. Yo más bien diría que prudente, dadas las circunstancias del parón de la semana anterior y la longitud de la prueba. Era lo mejor. A Diego se le veía sobrado. A Moiso y a mí, aunque estemos haciendo estos etapones, todavía nos cuesta subir (a mí un poco más). En definitiva, el objetivo era llegar al almuerzo en grupo y con el mínimo esfuerzo, para tener fuerzas para la segunda parte... Y así llegamos al bar de la piscina de Altura. Ya habíamos superado más de la mitad de la marcha y parte importante del desnivel. ¡Perfecto!

 

 

 

 

Como curiosidad, no quiero olvidar a un par de triatletas que nos pasaron subiendo con casco de contrarreloj, acompañados de otro loco que entrenaba con plato grande y piñón pequeño, en plena subida entre Gátova y el pico. Sin comentarios. No quiero imaginar cómo se debe sentir uno cuando le pase Cancellara...

 

 

El almuerzo en Altura fue tranquilo. A mí me vino bien. La verdad es que necesitaba un descanso. Era el típico almuerzo de la peña, tortilla a la francesa con jamón, Coca Cola y bombón. Nada del otro mundo. ¡El chorizo de venado de Fuencaliente sí que era mítico! Pero bueno, no estuvo mal y sirvió para regenerar un poco el cuerpo después de los primeros 110 kilómetros. Aquí, a falta de chorizo de venado, tuvimos una camarera que no paraba de llamar "cariño" a todos los ciclistas bañados en su propio sudor. Sinceramente, prefería el venado...

 

Al cabo de media hora de parada, salimos en dirección a Soneja y Nules. La carretera siempre tendía hacia abajo. Tuvimos suerte de coger un grupo bastante majo, de unas cincuenta unidades, con gente de muchas peñas de Valencia, principalmente de Sedaví (los que iban pasando al relevo con más insistencia), Massamagrell, Pedreguer, Museros... y un largo etcétera. Hasta Betxí la consigna fue clara, aguantar a rueda, dejar pasar los kilómetros, y no quedarse por nada del mundo en ninguno de los repechos que se iban sucediendo. Al principio iba disparado de pulsaciones, llegué a pensar que no funcionaba bien el pulsómetro. Por suerte no hubo problemas excesivos para aguantar los repechos, aunque algunos costaron un poco. Zorro viejo... Hay que aprovechar la inercia de las bajadas anteriores, si las hay, colocarse bien, y subir a ritmo sin cebarse, con el único objetivo de llegar en el grupo sin quedar cortado. A eso, con mucha más rimbombancia, le llaman gestión energética en la refinería. El ciclismo es de más fácil explicación, pero al fin y al cabo el concepto es el mismo.

 

Os adjunto algunas de las fotos de este grupo, hasta la parada de Betxí, segundo punto de control.

 

 

 

 

 

 

 

Antes de continuar con el último tramo del recorrido, quiero recordar a la pareja que hizo el recorrido en tandem. Los podéis ver en la foto anterior. Ya lo he visto en varias marchas. El cacharro va de cine en el llano. Tanto que fueron dando buenos relevos con la peña de Sedaví. Admirable. Algún día me gustaría probar cómo va eso...

 

Otra reflexión que quería hacer es que, cuando uno va en un pelotón en el cual fácilmente están dando relevos quince integrantes del mismo club, que hacen juntos toda la marcha, y paran si uno pincha, etc, etc... se plantea si no sería bueno que algún año se incluyera en el calendario de Rodadores una marcha de este tipo, al menos para el grupo "B". En realidad nosotros hicimos lo mismo, pero al ir tres, la historia es algo distinta. Es una gozada hacer estas marchas con Moiso y Diego. ¡Desde luego que sí! Pero ya sería una auténtica maravilla poder lucir el maillot de Rodadores también con Paco, Manolo, Dani, Fernando, Pedro, David, Jesús, Andrés, Javi, Julián, Juanito, José Luis, Chevi, Josevi, Alejandro, Javi "el zamorano" y todos los demás (perdón si me olvido alguien...). El problema es estar federados, o tener un seguro que cubra los accidentes, pero creo que en cualquier caso sería interesante plantearlo. Para mí, que estoy acostumbrado a hacerlas solo, era una pasada estar con Moiso y Diego, dos grandísimos amigos. Aún así, debo confesar que los de Sedaví daban envidia sana. ¡Y los Rodadores somos capaces de eso y más!

 

A partir de Betxí, las cosas fueron distintas. Quizás hice el pardillo al no comer más. Quizás fuera inevitable el desenlace. ¿Quién sabe? La cuestión es que yo ya me notaba cascado desde los últimos cinco kilómetros, unos repechos bastante engañosos, casi en la categoría de pequeña emboscada. Una Coca Cola, un pequeño descanso y... ¡adelante! Pufff... ¡cómo iban las piernas! Yo era consciente de la dificultad que suponía para mí el final de la etapa, al haber parado la semana anterior. Al menos, me quedaba tranquilo viendo que no sólo era yo. Diego iba sobradísimo. Creo que habría sido capaz de hacer 50 kilómetros más sin inmutarse. Moiso, sin embargo, mostraba una cara más humana. Viéndole sufrir en algunos repechos, caía en la cuenta de la dureza de la etapa... no sólo me pasaba factura a mí.

 

La cuestión era aguantar en el grupo lo máximo posible. Y así fue hasta unos kilómetros antes de Sagunto. Un pinchazo inoportuno de uno de los que iba dando relevos me acabó matando. ¿Por qué? Bien sencillo. La velocidad, con viento desfavorable desde que salimos de Altura, era de unos 35 km/h antes del pinchazo, y yo ya iba con el gancho. Tras el pequeño incidente, pasó otro ciclista a tirar a 38 km/h, y acabó conmigo. Cuando vas al límite, si te suben al ritmo, mal negocio... Así que decidí quedarme para ir a mi aire. No solté prenda por la boca. Para lo poco que faltaba, ya sabiendo de antemano que iba a tener limitaciones en los últimos kilómetros, no quería decirles que me esperaran, pero la verdad es que Moiso y Diego son unos gregarios de lujo, y unos amigos "hors categorie", por seguir con términos de la jerga ciclista. Cuando se dieron cuenta de mis dificultades, me esperaron y marcaron el ritmo que yo les iba diciendo. Así hasta Massamagrell. Realmente yo nunca estuve realmente mal, simplemente me habían sacado de punto. En una Quebrantahuesos no habría sido problema, siempre habría habido gente cerca. Aquí era peor, porque las diferencias entre los grupos podían ser inmensas. Pero ahí estaban ellos. En el Camí de Llíria nos alcanzó otro pelotón. En la parte llana podía seguir, pero el repecho del único puente que se subía me dejó de nuevo atrás. Y vuelta a empezar... siempre con la cabeza bien alta... hasta que faltaban 5 kilómetros. Ahí sí que reconozco que estaba fatal. Sólo quería llegar al Bar Massamagrell, donde se sellaba por última vez el documento acreditativo de nuestra participación. Y sí, ¡llegamos!.

 

Al final , fueron 208 kms, con cerca de 1700 metros de desnivel (700 menos que en Puertollano). La velocidad media fue bastante superior a la experiencia por los Valles de Alcudia y de los Pedroches, aunque las circunstancias (número de participantes, recorrido, etc) no son nada comparables.

 

Una vez en casa, una breve siestecita, un largo baño al ritmo de canciones de los ochenta, y recuperación total. La verdad es que me resulta curioso cómo recupero últimamente. Mi estado en Massamagrell era lamentable, casi me costaba hablar por teléfono. Y sin embargo un par de horas más tarde ya estaba saliendo para ver la victoria del Power Electronics Valencia contra el Bilbao. Y cenar... Vamos, como si hubieramos hecho una etapa normal. Así que imagino que la cosa no va tan mal, aunque este fin de semana me vaya a poner las pilas (si el tiempo lo permite) para mejorar en montaña, seguramente en la Sierra de Madrid - Segovia.

 


Última actualización 14/04/2010 0:44:16

Andrés Bonell Bondia 13/04/2010 22:35:59

La verdad Vicente es que disfruto casi tanto como tú leyendo tus crónicas, pero me canso menos.
Sigue contándonos tus experiencias, lo paso muy bien leyéndolas. Gracias.
Andrés

Francisco De Casa 13/04/2010 18:47:20

Siempre es interesante leer los relatos que vas poniendo de cicloturistas y etapas....


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